Entrevista con Joaquín Araujo, naturalista

– ¿Ha evolucionado el sector minero de cara a la biodiversidad?

Sin duda, pero no lo suficiente. Si lo comparamos con los procedimientos y resultados de hace medio siglo sin duda las actuaciones resultan hoy menos impactantes. Queda mucho para que la extracción de minerales a cielo abierto no sea devastadora para la vida que se desplegaba sobre esos espacios desentrañados. Por obvias razones la totalidad de la comunidad del humus y la vegetal resultan arrasadas. Los animales de cierto tamaño a ellas asociadas pueden conseguir superar el desahucio e instalarse en otros ámbitos. Lo que a menudo crea nuevos problemas.

– ¿Es compatible la minería a cielo abierto y la biodiversidad?

Desde luego que no. Las excavaciones acaban con toda, o la mayor parte, de los soportes biológicos para cualquiera de los representantes de los cinco reinos de la vida que habitaban previamente el lugar. Como al mismo tiempo casi siempre esta actividad conlleva la liberación de metales pesados y otros elementos tóxicos, la afección a la vida es una de las más agresivas que conocemos.

– ¿Y el modelo económico?

Ha impuesto un estilo de producción, consumo, un estilo de vida que atenta incesantemente contra la vida. Las evidencias de las secuelas dañinas y hasta asesinas de esta economía, que por cierto tiene alternativa, son de tal calibre que podemos afirmar que resulta del todo incompatible no solo con la vida y sus procesos, y no menos con la humanidad.

– ¿Es suficiente con la restauración?

Con ser necesaria y, a menudo, satisfactoria la restauración de los terrenos que fueron minas a cielo abierto nunca es suficiente, sobre todo desde el momento en que los grandes procesos de destrucción, como el cambio climático y la pérdida de la multiplicidad vital demandan ya un urgente renunciar a las actividades más contaminantes. Desenterrar materiales o minerales debería quedar muy restringido a lo no reutilizable. Tenemos que incidir mucho sobre la enorme cantidad de materias primas que acaban en la basura y que si fueran recuperadas evitarían la extracción de tantos minerales.

– ¿Está concienciada la población y los poderes públicos?

La población que reside cerca de los proyectos de minas a cielo abierto suele reaccionar con solidaridad hacia sus paisajes y sus herederos. Las movilizaciones sociales suelen ser espectaculares. He vivido y participado en varias de ellas con asistencias memorables e iniciativas muy beligerantes en contra de cualquier actividad minera, prospecciones previas incluidas.

Los poderes públicos quedan lejos de semejante posición. Para empezar la ley de minas debe ser rápida y drásticamente cambiada. A partir de esa iniciativa política debe quedar claro que los impactos ambientales han de ser valorados con rigor. No menos el hecho de que la minería también arrasa los usos tradicionales del territorio. La cultura rural y el poblamiento de tres cuartas partes del país, ambos en serio peligro de extinción, no necesitan más zancadillas.

2019-03-29T13:55:15+02:00